sábado 2 de junio de 2007

Insomnia Soliloquia

Ya son las una de la mañana y no he podido cerrar ni un sólo ojo. Desde hace un par de días esta condición de ser inmune al sueño me domina ¿será una patología de mi enfermedad? Lo único que sé, es que al parecer nuevamente me he privado de soñar.

Trato de contar ovejas, dicen que eso sirve para quedarse dormido, pero no me produce nada, excepto unas ganas terribles de comer cordero al palo. - ¿En qué puedes pensar para dormir? - Ya sé, debo tomar mis pastillas, esas pastillas pequeñitas que me aturden, esas que me dio el psiquiatra. - ¿Dónde están? - ¿acaso las deje en el velador o debajo de mi almohada? No, definitivamente en ninguna de esas partes; están en el suelo, al lado izquierdo de la puerta, debajo de la ropa blanca que use en la mañana... ¿cómo llegaron ahí si yo las tenía en mi velador? - Piensa qué hiciste, trata de recordar-...mmmm...no puedo, ese momento se borró de mi memoria, es como si alguien me lo hubiese robado ¿entiendes?. – No, no te entiendo. Antes podía entenderte pero ahora eres otra persona, ahora te desconozco .- ¡No he cambiado! Soy el mismo de ayer, de hace tres meses, soy yo, sólo que un poco desquiciado, pero yo al fin. Mejor busca las pastillas - Sí, tienes razón mejor las recogeré y me las tomaré, quizás así pueda dormir...

(Unos minutos después...)

40mg, eso contiene cada pastilla de diazepan. Creo que es insuficiente, yo no he dormido en dos días y si sumo este serán tres. ¿Qué pasará si tomo tres pastillas?, no creo que muera intoxicado, aunque a estas alturas morir sería lo más cercano a dormir. - Toma agua - Ya tengo el vaso a mi lado. Tengo miedo, nunca he tomado tantas pastillas juntas en mi vida...- Sé valiente, ya lo decidiste...ahora todo lo que te suceda será un misterio. Buen viaje, ojalá podamos dormir...- Voy a cerrar mis ojos...

(Diez Minutos más tarde...)

Mis pies...ellos están húmedos...ese olor...ese olor! - ¿Olor? ¿qué hueles? - no sé... me pregunto si podré abrir mis ojos. No los he abierto desde que tome las pastillas – eso es decisión tuya - Aquí voy...los voy a abrir despacio... -¿Qué ves?¿dónde estás? .-

...y ese mar que tranquilo te baña...” Veo el mar...es inmenso...pero esta inquieto. Sabes aquí no hay nadie, estoy...solo..SOLO. ¡Mierda! Solo, abandonado; ni siquiera hay un ave, ni un bote, ni una casa, sólo el mar turbio y bravío, sólo el mar... -¿Por qué te arrodillas Manuel, por qué te tomas tu cara, por qué gritas si nadie te oye? ¡Manuel...!.-

¡No, no, no! Maldita soledad, porque recuerdo lo que no debo recordar...Me ahogo, y no en el mar precisamente, me ahogo viendo el mar, sintiéndome solo, sufriendo por la melancolía, me ahogo de angustia. – Manuel...sal de aquí. Sácanos de este maldito mar, Manuel...- Perdóname, pero no sé cómo salir...me falta el aire...toma mi mano...ayúdame, llévame a otro paraje. Dios, si en verdad existes...llévame...arrúllame en tu brazos como a un bebé y déjame dormir... Por eso no dormía verdad, por las pesadillas... y tú, mi amigo ¿me podrás ayudar?...

(Dos meses antes: momento previo a la consulta con el psiquiatra)

Y aquí estoy, esperando entrar a la consulta del médico Barthes. Qué manera de sudarme las manos... es el nerviosismo creo. ¿Estaré loco? ¿Qué tendré?...Ya es mi turno... - Manuel, ten fuerza y piensa que al psiquiatra no solamente van los locos - .

(En este preciso momento...)

Si esto es una pesadilla significa que yo...que yo puedo cambiar mi sueño, y si lo logro es que en realidad duermo ¿qué opinas?. – Eso es bastante lógico Manuel. Vamos tú tienes dominio sobre ti...inténtalo -.

Aquí voy, debo concentrarme...mis pies están húmedos y tengo frío...¿qué me recomiendas que haga? – Ve a una fogata -. La veo, es inmensa y hay mucha leña para seguir avivando el fuego; me voy a acercar necesito su calor urgente...no sé si es cosa mía pero yo veo de entre las llamas escenas en el fuego, veo escenas de personas, no es tan nítida la imagen, pero las veo...me sentaré al lado de la fogata y mirare el cielo. Es hermoso el cielo, esta estrellado... – Manuel, las llamas –. Nunca había visto la luna tan resplandeciente ni tan enorme...- Manuel...las llamas - Resultó, ahora sí que si me dio sueño, - Manuel, las llamas – ¿Qué pasa con las llamas? ¿pero qué hacen las llamas del fuego fuera de él? ¿ por qué danzan, por qué me rodean?. – Manuel, tengo miedo. ¡Manuel aléjate de las llamas! -. Me abrazan...mi pecho esta apretado. Dolor, siento dolor...me quema, arde...No puedo safarme de ellas... – Manuel, tengo rabia porque no puedo ayudarte, sólo tú puedes. El olor a tu carne quemada me repugna, siento ganas de vomitar. Manuel, eres tú contra tu mente, tú puedes hazlo, sal de este lugar -.

(Dos meses antes: tercera consulta con el doctor Barthes)

- Manuel ¿qué te pasa?

- No sé...esa voz me habla a cada rato...en todo lugar...

- Manuel...no tengas miedo. Manuel yo quiero ayudarte, pero para eso debes confiar en mi. Tú problema tiene solución. Hoy en la esquizofrenia puede ser tratada, y hasta podrías llevar una vida normal siempre y cuando cumplas tu tratamiento...

(En este momento...)

Cae una lluvia amenazante que apaga el fuego y me refresca la piel. Voy a cerrar los ojos y quiero sólo concentrarme en los ruidos de este lugar... - ¿qué oyes?- No sé...es un mono creo, espera... unos pajarillos al parecer cantan; voy avanzar pero no abriré mis ojos – describe el lugar, ¿cómo lo sientes? – tiene una vegetación tupida, creo que estoy tocando plantas – abre los ojos – Estoy en una selva, hay abundante vegetación; no puedo avanzar fácilmente en ella. De nuevo me siento raro; escucho el ruido de las bestias amenazantes, creo que están cerca de mí. Me quedaré aquí, me da miedo seguir adelante y no saber que me espera, no hay ni un lugar seguro...mis manos me sudan en exceso, tanto que caen gotas de ellas... ­– Manuel, despierta.. Manuel... -. No...estoy angustiado...hay una luz que me esta cegando...por qué no me puedo mover...­ – Manuel, reacciona, despierta hombre. Manuel, no te quedes ahí. -.

Creo que he despertado, veo borroso pero distingo que estoy dentro de una pieza gris, amarrado de un catre estilo hospital. Parezco un prisionero, y como tal me vienen las ganas de huir, creo que no pertenezco a este lugar... quiero salir… No sé dónde estoy, no sé si duermo o no…no sé qué es realidad…

0 locos de remate opinan: